jueves, 11 de diciembre de 2014

Construcción de percepciones en el turismo

Estás tranquilamente reunido con tus amigos o con las compañeras del trabajo, tomando una caña afablemente en una terracita. Y de pronto comenzáis a contar chistes, y uno cuenta uno muy bueno que es racista, sobre gitanos, o negros o lo que sea. Todos os desternilláis, todos menos una. Y la miráis mal, porque se está tomando en serio algo que no lo es. Al fin y al cabo, vosotros no sois racistas, y el chiste sólo es eso, un chiste.

¿O no lo es? En la edad media, la única persona que tenía el poder de decirle a los poderosos reyes y nobles la verdad era el bufón, porque desde siempre se ha entendido que el humor es una forma de exponer la verdad de una forma amigable. Como un puñetazo dado con un guante de seda. Las viñetas de opinión en muchos periódicos juegan con esto, construyendo la opinión a través de sacarnos una sonrisa, aunque expliquen algo de fondo terrible.
Esto se debe a que el humor hace que bajemos las defensas, y nos habla a través de los prejuicios. Sólo es un chiste, carece de todo poder. Sin embargo, con él lo que se hace es construir el imaginario del colectivo y reproducir una y otra vez los estereotipos de los demás, los Otros sociales. Probablemente no vamos a escuchar un chiste de cómo un gitano dirige una empresa, porque no es parte del imaginario colectivo que lo hagan, sino que roben. Al contar un chiste sobre cómo un negro o un chino hacen esto o aquello damos voz a los prejuicios sociales y los reproducimos, haciéndolos un poco más fuertes.
Con esto no quiero decir que todo el que cuente chistes racistas o se ría con ellos lo sea, ni mucho menos. Yo mismo lo he hecho. Pero si que hay que tener cuidado con el humor, porque a través de él articulamos muchas verdades, incluso damos voz y solidez a realidades con las que podemos no estar de acuerdo. Podríamos escribir este mismo post con el machismo y funcionaría igual, o con los estereotipos acerca de los habitantes de otros países. Un ejemplo clásico que pasa desapercibido a menudo, por ejemplo, es cómo el humor se usa a la hora de "ligar", diciendo a menudo lo que realmente quieres, y luego rápidamente diciendo que es un chiste, lo cual te permite juzgar las reacciones de la otra persona y a la vez negarle toda consecuencia porque "un chiste es sólo un chiste", quizás incluso os riáis los dos (y "si cuela cuela", como se dice habitualmente).
No pretendo con esto que eliminéis el humor de vuestras vidas porque sea un medio poderoso de reproducción de los idearios colectivos y de conformación de vuestras (y de los demás) identidades. Para nada, una vida sin humor no es una vida que valga la pena vivir. Pero sí que desterréis la idea de que "un chiste es sólo un chiste, que se queda en eso, risas y a otra cosa mariposa". Como con todo, el chiste hay que recibirlo con una gota de espíritu crítico, que te permita por un lado reírte, y por otro ver la realidad que lleva con él.

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